Sobre el Hombre Topo

SOBRE EL HOMBRE TOPO:

Somos un grupo de producción literario e intelectual definido por su obsesión por la crítica cultural, la escritura, el cine, la filosofía y la traducción. Esperamos difundir ideas, textos, traducciones, fragmentos inteligentes de una luz no tan lejana.
Escriben en esta revista: Franco Bordino, Matías Rano, Gustavo Roumec, Tiépolo Fierro Leyton, Juan M. Dardón, Tomás Manuel Fábrega y Xabier Usabiaga.

lunes, 25 de febrero de 2013

T. S. ELIOT: Cuatro Cuartetos





TERCER CUARTETO

Las Dry Salvage

I

No sé mucho sobre dioses; pero creo que el río
Es un dios fuerte y marrón —huraño e indómito, intratable,
Paciente hasta cierto punto, primero reconocido como una frontera;
Útil y poco fiable, como una cinta transportadora.
Entonces, es un problema con el que los constructores de puentes tienen que lidiar.
Una vez que se resuelve el problema, el dios marrón es casi olvidado
Por los habitantes de la ciudad —siempre, sin embargo, implacable,
Guardando sus estaciones y sus furias, destructor y recordador
De lo que los hombres decidieron olvidar. Deshonrado e imposibilitado
Por los adoradores de las máquinas, pero esperando, observando, esperando.
Su ritmo estaba presente en las habitaciones de los niños,
En el ailanto[1] hediondo de la puerta de casa en el mes de abril,
En el olor de las uvas sobre la mesa del otoño;
El círculo de la noche en la lámpara a gas del invierno.


El río está en nosotros, el mar es todo lo que nos rodea;
El mar es también el borde de la tierra, el granito
Por el que el mar penetra, las playas por donde lanza
Las insinuaciones de otra creación más temprana:
La estrella de mar, el cangrejo, el espinazo de la ballena;
Los estanques en donde ofrece a nuestra curiosidad
Al alga más delicada y a la anémona.
Vomita nuestras pérdidas y la red desgarrada,
La langostera destruida, el remo quebrado
Las pertenencias de hombres muertos de otros países. El mar tiene muchas voces,
Muchos dioses y muchas voces.
 La sal está en la rosa silvestre,
La niebla está en el abeto.
El aullido del mar
Y el quejido del mar, son voces diferentes
A menudo oídas juntas: el silbido de los aparejos,
La amenaza y caricia de la ola, que rompe sobre el agua,
La rutina distante en el diente del granito,
Y el peligro que gime desde el cabo acercándose
Son todas voces del mar, y la boya oscilante[2]
Que es esquivada en el camino de regreso, y la gaviota:
Y bajo la opresión de la niebla en silencio, la campana que suena
Mide el tiempo que no es nuestro tiempo —un mar de fondo tranquilo es lo que la hace
[sonar—,
Un tiempo
Más viejo que el tiempo de los cronómetros, un tiempo
Más viejo que el tiempo que cuentan las mujeres ansiosas y preocupadas
Que se quedan despiertas, calculando el futuro,
Tratando de desentrañar, desenrollar y desenmarañar
Y reestablecer juntos el pasado y el futuro,
Entre medianoche y madrugada, cuando el pasado es todo entero un engaño,
El futuro sin futuro, antes de la vigilancia de la mañana
Cuando el tiempo para y nunca termina;
Y el mar de fondo, que es y fue desde el principio,
Hace sonar
A la campana.


II

¿Dónde hay un fin para esto, para el gemir silencioso,
Para el marchitarse insonoro de las flores de otoño
Que sueltan sus pétalos, pero conservan la falta de movimiento?
¿Dónde hay un fin para los restos a la deriva,
Para la plegaria que reza el hueso en la playa,
Para la plegaria inrezable ante la anunciación calamitosa?

No hay un fin, sino adición: la consecuencia
Arrastrada de más días y de más horas,
Mientras la emoción toma para sí a los años sin emoción
Viviendo entre la rotura
De aquello en que creímos como si se tratase de lo más confiable—
Y que, por eso mismo, resulta lo más adecuado para la renunciación.

Lo que hay es la adición final, el orgullo fallido
O resentimiento ante los poderes que fallan,
La devoción independiente[3] que pasará por falta de devoción,
En un bote a la deriva, con una filtración pequeña,
El oír silencioso al clamor innegable
De la campana de la última anunciación.

¿Dónde está el fin para ellos,  para los pescadores navegando
Dentro de la cola del viento, en donde la niebla se encoge?
No podemos pensar en un tiempo que no tenga océano
Ni en un océano que no tenga deshechos
Ni en un futuro que no sea propenso,
Al igual que el pasado, a no tener destino.

Tenemos que pensar en ellos como achicando[4] siempre,
Zarpando y recogiendo, mientras el Noreste baja
Sobre orillas poco profundas, que no cambian ni se erosionan,
O sacando su dinero, y secando velas en el puerto;
No como haciendo un viaje impagable
Para recoger una pesca que no admita examen.

No hay un fin para esto, para el gemido sin voz,
Para el marchitarse de las flores ya marchitas
Para el movimiento del dolor que no tiene dolor ni movimiento
Para la deriva del mar y sus restos, a la deriva,
Para la plegaria que reza el hueso a la Muerte su Dios. Sólo está la plegaria
Apenas rezable, dificultosamente, la plegaria de la única Anunciación.

Parece, a medida que uno se vuelve más viejo,
Que el pasado tuviera otro patrón, y entonces dejara de ser una mera secuencia—
O incluso desarrollo: lo último una falacia parcial,
Alentada por nociones superficiales de evolución,
Que se vuelve, en la mente común, una manera de desconocer el pasado.
De los momentos de felicidad —no la sensación de bienestar,
Ni fruición, ni realización, ni seguridad, ni afecto,
Tampoco una buena cena, sino la iluminación repentina—,
Tuvimos la experiencia pero perdimos el significado,
Y el acercamiento al significado restaura la experiencia
De una forma diferente, más allá de cualquier significado
Que podamos asignarle a la felicidad. Dije antes
Que la experiencia pasada reanimada en el significado
No es la experiencia de una sola vida
Sino de muchas generaciones —sin olvidar
Algo que es, probablemente, del todo inefable:
El mirar hacia atrás más allá de la seguridad
De la historia registrada, el mirar hacia atrás a medias
Por encima del hombro, hacia el terror primitivo.
Ahora venimos a descubrir que los momentos de dolor
(Si se deben o no a un malentendido,
A haber esperado cosas equivocadas, o a haber temido lo equivocado,
No está en cuestión) son asimismo permanentes
Con tanta permanencia como tiene el tiempo. Lo apreciamos mejor
En el dolor de otros, casi experimentado
Al involucrarnos nosotros mismos, mejor que en nuestro propio dolor.
Ya que nuestro pasado está cubierto por las corrientes de acción
Pero el tormento de otros conserva una experiencia
Incondicional, no desgastada por la subsecuente atrición.[5]
La gente cambia, y sonríe: pero el dolor aguanta.
El tiempo destructor es el tiempo que preserva,
Como el río con su cargamento de negros muertos, de vacas y jaulas de gallinas,
La manzana amarga y el mordisco en la manzana.
Y la roca irregular en el agua agitada,
Las olas la bañan, la niebla la oculta;
En un día paradisíaco es solamente un monumento,
Con clima navegable es siempre una señal marina
Para seguir un camino: pero en la estación sombría
O en la furia repentina es tan sólo lo que siempre fue.


III

A veces me pregunto si eso fue lo que quiso decir Krishna—
Entre otras cosas— o una manera de decir lo mismo:
Que el futuro es una canción apagada, una Rosa Real, o una ramita de lavanda
De remordimiento nostálgico por aquellos que aún no están aquí para remorderse,
Apretada entre las hojas amarillentas de un libro que nunca se abrió.
Y el camino hacia arriba es el camino hacia abajo, el camino hacia delante es el camino
[hacia atrás.
No podés afrontarlo constantemente, pero es un asunto seguro,
Que el tiempo no es sanador: el paciente ya no está acá.
Cuando el tren arranca, y los pasajeros están apoyados
Sobre la fruta, sobre diarios y cartas de negocios
(Y aquellos que fueron a despedirlos ya dejaron el andén)
Sus rostros se relajan desde la pena hacia el alivio
Al ritmo soñoliento de un centenar de horas.
¡Adelante, viajeros! sin escaparse del pasado
Hacia diferentes vidas, o hacia cualquier futuro;
Ya no son las mismas personas que dejaron la estación
O que arribarán a cualquier término,
Mientras que, estrechándose, los rieles se deslizan juntos por detrás de ustedes.
Y en la cubierta del buque repiqueteante
Mirando al surco que se ensancha por detrás suyo,
No deberían pensar “el pasado ya terminó”
O “el futuro está ante nosotros”.
Al anochecer, en los aparejos y en la antena,
Hay una voz contrapunteando (aunque no al oído,
El caracol [shell] murmurante del tiempo, y no en cualquier lenguaje)
“Vayan adelante, ustedes que creen que están viajando;
Ustedes no son aquellos que vieron el puerto
Alejándose, o aquellos que desembarcarán.
Acá, entre la orilla más cercana y la más lejana
Mientras el tiempo se ha retirado, considerá el futuro
Y el pasado con una mente imparcial.
En el momento que no es de acción ni inacción
Podrás recibir esto: ‘en cualquier esfera de ser
La mente de un hombre puede estar concentrada
En el momento de la muerte’ —esa es la única acción
(Y el momento de la muerte es todo momento)
Que se fructificará en la vida de otros:
Y no pienses en el fruto de la acción.
Adelante
 Oh viajeros, Oh hombres de mar,
Ustedes que vienen al puerto, y ustedes cuyos cuerpos
Sufrirán el desafío y el juicio del mar,
O lo que sea que ocurra, ésta es su verdadera destinación.”
Igual que Krishna, como cuando amonestó a Arjuna
En el campo de batalla.
No adiós
Sino adelante, viajeros.


IV

Señora, cuyo santuario permanece en el promontorio,
Reza por todos aquellos que están en los barcos, reza
Por todos aquellos cuyos negocios tienen que ver con la pezca, por aquellos
Que están ocupados con cualquier tráfico
Legal, y reza por todos aquellos que los conducen.

Repite la oración en nombre de
Las mujeres que han visto a sus hijos o esposos
Zarpar, y no volver:
Figlia del tuo figlio,
Reina del cielo.

También reza por aquellos que estaban en los barcos, y
Terminaron su viaje sobre la arena, en los labios del mar
O en la oscura garganta que no los va a devolver
O donde sea que no pueda alcanzarlos el sonido de la campana del mar
su perpetuo ángelus.


V

Para comunicarte con Marte conversá con espíritus,
Para reportar el comportamiento de los monstruos marinos
Adiviná en entrañas, describí el horoscopo, mirá en la bola de cristal,
Observá la enfermedad en las firmas, evocá
La biografía en la palma de la mano y
La tragedia en los dedos; destruí presagios
Con sortilegios u hojas de té, acertá lo inevitable
Con juegos de barajas, hace trampa con pentagramas
O ácidos barbitúricos, o disecá
La imagen recurrente en el terror pre-conciente—
Para estudiar el útero o la tumba o los sueños, todos estos son pasatiempos
Usuales y drogas, artículos de la prensa:
Siempre los habrá, algunos de ellos
Especialmente cuando hay en las naciones angustia y perplejidad
En las costas de Asia, o en la calle Edgware.
La curiosidad de los hombres busca el pasado y el futuro
Y se aferra a esa dimensión. Pero no aprehende
El punto de intersección de la ausencia temporal
Con el tiempo, es una ocupación para el santo—
Tampoco una ocupación, sino algo dado
Y tomado, en la muerte de una vida entera en amor,
En ardor, en abnegación y en sumisión.
Para la mayoría de nosotros, hay sólo el momento
Desatendido, el momento dentro y fuera del tiempo,
La distracción saludable, perdido adentro de un rayo de sol,
El tomillo no visto, el relámpago de invierno,
O la cascada, o la música que se oye tan profundo
Que no es oída en absoluto, sino que la música sos vos
Mientras dura. Esto son sólo insinuaciones y suposiciones,
Insinuaciones seguidas de suposiciones, y el resto
Es plegaria, observancia, disciplina, pensamiento y acción.
La insinuación adivinada a medias, el regalo a medias comprendido, es la Encarnación.
Acá la unión imposible
De esferas de existencia es actual,
Acá el pasado y el futuro
Son conquistados y reconciliados
Donde la acción era de otra manera movimiento
De aquello que sólo es movido
Y no tiene fuente interna de movimiento—
Conducido por poderes
Demoníacos, plutónicos.
Y la acción correcta es libertad
Del pasado y también del futuro.
Para la mayoría de nosotros, éste es el objetivo
Nunca aquí presente para ser realizado;
Quienes no fuimos derrotados
Es sólo porque no hemos dejado de intentarlo;
Nosotros, contentos al final
Si nuestra reversión temporal nutre
(No muy lejos del árbol [yew-tree])
La vida de la tierra significante.


TRADUCCIÓN: Franco Bordino



[1] Árbol cuyas flores emiten olor a pis de gato.
[2] “Heaving groaner”
[3] Variante: “no atada”
[4] “Achicando [bailing]” con el sentido de sacar agua de una embarcación.
[5]

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