Sobre el Hombre Topo

SOBRE EL HOMBRE TOPO:

Somos un grupo de producción literario e intelectual definido por su obsesión por la crítica cultural, la escritura, el cine, la filosofía y la traducción. Esperamos difundir ideas, textos, traducciones, fragmentos inteligentes de una luz no tan lejana.
Escriben en esta revista: Franco Bordino, Matías Rano, Gustavo Roumec, Tiépolo Fierro Leyton, Juan M. Dardón, Tomás Manuel Fábrega y Xabier Usabiaga.

viernes, 21 de noviembre de 2014

LO LIBRE Y LO CULTO, PEQUEÑO ESBOZO DEL ARTISTA DE VANGUARDIA



LO LIBRE Y LO CULTO, PEQUEÑO ESBOZO DEL ARTISTA DE VANGUARDIA


Al separar arte de cultura podría caerse en la concepción que Schopenhauer tiene de aquel, como un liberador del yugo existencial. Y ciertamente sonaría disparatado decir que el arte no es cultura, ya que siempre se asocia a lo culto con lo artístico. El tema de lo culto, de la cultura como fenómeno social y humano ha sido una preocupación constante dentro de la antropología.
Hay un sinfín de definiciones de lo que es cultura en la teoría antropológica, pero se podría plantearla como la “domesticación” o el “dominio” del pensamiento humano en contraposición de lo salvaje, es decir el ordenamiento de lo externo al hombre en sus propios términos. Esto partiendo de la distinción Naturaleza/Cultura evidente en la etimología de la palabra cultura, ya que esta se deriva de cultivar y cultivar es “ordenar la naturaleza”. Es pues la cultura sin duda un aspecto primordial de una sociedad ya que encarna su pensamiento, establecido a su vez en la figura de los mitos que conforman su tradición. Mitos que al narrarse a sí mismos narran el germen de las sociedades y siembran el pensamiento de una sociedad, su cultura. Es entonces el principal papel de los mitos sembrar en primera instancia estructuras de conocimiento que se reflejarán en el comportamiento social de una comunidad. Lo interesante de los mitos es pues su lenguaje casi mágico, a veces inexplicable, que llega incluso a confundirse con lo artístico, y aquí esa dónde vamos.
Primero que todo el lenguaje artístico difiere del lenguaje mítico en el simple hecho de que el primero no busca imponer estructuras de poder a diferencia de los mitos.  En este sentido ha de entenderse el espíritu libre e independiente de lo artístico, tal como es su lenguaje. Indudablemente va a estar impregnado de referencias a lo cultural, intencionales o no, porque sencillamente el arte se desarrolla entre los seres humanos y estos a su vez son los elementos indispensables para que exista cultura, sociedad y también el arte como concepto (el artista ante todo, es un hombre). El arte puede engendrar cultura sin necesidad de ser parte de esta. Lo que hace obra de arte a una obra de arte, depende únicamente del artista. Los consensos sociales existen a la hora de manifestar una estética, no lo niego, pero no son los que engendran lo artístico, en ningún momento. Entre estética y arte hay una diferencia sustancial; la primera va dirigida a una apreciación de algo, a un juicio generalmente desprendido de la cultura y la sociedad en que se vive. El arte, el genuino arte es una entidad del alma del artista que se materializa en su obra. Es idea, objeto y verbo a la vez; si un lenguaje artístico se enfocara en establecer estructuras de poder como los mitos (la génesis de la cultura y las sociedades) simplemente estaría muy lejos de lo que lo hace arte (el artista), sería más cercano a una estética o una tradición. Semejante a los mitos que crean un imaginario social y un discurso cultural, el artista da forma a su lenguaje artístico; sin ser del todo mito pero siendo hombre, posiblemente se llegue a desprender una tradición de su obra, sin ser su propósito central. El establecimiento y mantenimiento de una tradición depende de la sociedad (de su gusto y estética), no del artista.
Con esto no quiero manifestar la predilección de una obra artística por sobre la producción cultural de una sociedad, ninguna es más que otra, ambas son productos nacidos de lo humano. Sin embargo, lo libre y lo culto son cosas distintas que en muchos artistas han ido de la mano a la hora de crear, la música barroca por ejemplo. Pero en el artista de vanguardia lo dudo. Esa es la lógica de la vanguardia, romper con lo establecido. En estas épocas del segundo milenio nuestro dios es el individuo, y lo artístico se ha caracterizado por provenir de ahí, del individuo conocido como artista. Sin embargo este es el establecimiento, el canon que la crítica especializada ha definido para el oficio artístico. En una época atomizada en todos los sentidos, el oficio del artista se ha enfocado en sí mismo, en el individuo. Una época que necesita y pide a gritos un poco más de unión entre las voces ocultas, todos nosotros que hacemos parte de este mundo. Sí, el discurso de globalidad aboga por la multiplicidad de opiniones y pensamientos, el acceso por parte de toda la gente a estas. Pero son ideas sin conexión, separadas unas de otras como gritos en el vacío. Átomos vagabundos y muchas veces carentes de esencia o fuerza creativa alguna. Y esto, es muy visible en las actividades humanas contemporáneas, sobretodo en el arte de nuestra época, atomizado y ajeno a cualquier fuerza creativa que destruya de una vez por todas ese consenso estético (muchas veces hueco, sin alma ni compromiso con el oficio del espíritu como es el arte) y se pase de artistas parados en el seno de la individualidad a hombres espiritualmente conscientes de su oficio, de su vida. Una idea es un acto de resistencia, como decía Deleuze. Una idea en el arte nace del artista, y es responsabilidad de este desarrollarla y darle vida, o destruirla y condenarla al olvido. Pero algo sucede con buena parte de las ideas artísticas de hoy, no resisten a nada ni contra nada, nacen en el aislamiento y viven en el aislamiento total de lo que es el mundo. Una cosa son las tradiciones y otra las gentes con las que vivimos, ¿a qué apunto con todo esto? Una tradición nunca debe estar por encima de los hombres, ante todo somos humanos; un juicio estético de un circulo especializado de una sociedad no debe nunca imponerse frente a otras formas de concebir lo artístico. En nuestro caso, un individuo no debe primar frente a los demás, nadie es más que otro ni más que nadie. Otra cosa palpable y perceptible, es que al parecer los artistas de hoy están completamente alejados de una buena parte del público; artistas por y para la crítica, pocos habrán que sean artistas por y para los artistas y muchos menos artistas por y para la humanidad o el universo mismo.    

El artista de vanguardia ha de ser individuo pero solo para consigo mismo, es decir ser como se dijo antes espiritualmente consciente de lo que hace. El artista de vanguardia ha de ser libre a la hora de dar forma y origen a su obra, de imprimirle alma y sentido. No debe depender de ninguna estética, ni tradición, ni consenso social. El artista de vanguardia ha de volverse mítico pero sin hacer parte de la lógica de los mitos que es establecer, el artista de vanguardia rompe los establecimientos, renueva más no preserva. Transformar y resignificar, reproducir y retratar, evocar y tergiversar. Todo esto y muchas otras cosas más puede hacer el artista a la hora de abordar su realidad (la estética, la tradición, los consensos sociales) indudablemente producto del lugar y el tiempo en el que viva, pero el cómo hacerlo es lo que lo hace libre de lo culto. Es una cuestión más de honestidad que de definición, el arte en sí llega a ser indefinible. Es por ello que los juicios estéticos de la crítica no deben hacer mella en el artista, esa estética es propiedad de un consenso social. El arte, no les pertenece, es único del artista y el artista es un ser que se hace universal junto con su arte cuando, efectivamente, crea.


Tiépolo Fierro Leyton, Bogotá 19/11/2014

(Imagen: "Baile en el Moulin Rouge", Henri Tolouse-Lautrec

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