Sobre el Hombre Topo

SOBRE EL HOMBRE TOPO:

Somos un grupo de producción literario e intelectual definido por su obsesión por la crítica cultural, la escritura, el cine, la filosofía y la traducción. Esperamos difundir ideas, textos, traducciones, fragmentos inteligentes de una luz no tan lejana.
Escriben en esta revista: Franco Bordino, Matías Rano, Gustavo Roumec, Tiépolo Fierro Leyton, Juan M. Dardón, Tomás Manuel Fábrega y Xabier Usabiaga.

domingo, 22 de diciembre de 2013

El discurso del hombre - Fábrega


El discurso del hombre

Viejos camaradas
hoy mi deber era llamarles por sus nombres
dejar las lisuras
recuperar mi cuerpo
vencer junto a ustedes
pensarles un instante
vivirles
mostrarles mi alma
 pura, tácita, sincera


soy un llanero.

Llanero que canta como exprime las verduras de occidente
que no deja su tierra ni por más que no entiendan
ni por más que la entreguen  a la corona escuálida
                                              y al tirano burgués.

Llanero que llora en la gran ciudad
por nostalgia del futuro
del pasado de las cosas
del pasado de los himnos llaneros.

Llanero que ama en los palmares
                             en las galeras
                              en los arreos
                              en los cajones
                              en el liderazgo del relincho sangrando
                             y en la quirpa del joropo donde llegan las mujeres.                                                      

 En infinidad de elementos, que no importan
que sería en vano describirlos
solo puedo contarles, camaradas: llegué.

llegué a la explanada ayer,
tras una insólita intervención de un poeta
tras una insólita mención de un extranjero.


 y  escuché   epopeyas
                                       y leyendas.
¡Que nada envidiaban de los griegos!
                                     de los nórdicos
.

Los llaneros son los hombres más bravos
y  doy por finalizada mi nacionalidad.

Renuncio a mi patria, mi patria son Los Llanos.
                                   

Cuanto les diría de lo que recién ante-ayer  coseché
  cuanto les diría del pájaro que chilla por las mañanas de la llanada

Sólo sé que nada de lo escrito convoca
 y mañana, si, mañana
en un mañana junto a ustedes
el llano será la sede del gobierno del altísimo.



TOMÁS MANUEL FÁBREGA

Clarivigilia Primaveral - Miguel Ángel Asturias



CLARIVIGILIA PRIMAVERAL

1. A LA LUZ DE LOS ORO-PENSANTES LUCEROS

1

La Noche, la Nada, la Vida,
las Inmensas Viudas,
y el Ambimano Tatuador de mundos
que Él creó con sus ojos
y tatuó con su mirada de girasol,
creó con sus manos, la real y la del sueño,
creó con su palabra, tatuaje de saliva sonora,
mundos que al quedar ciego
rescató del silencio con el caracol de sus oídos
y de la tiniebla luminosa
con su tacto de constelación apagada,
con sus dedos enjoyados de números y colibríes.

La Noche, la Nada, la Vida,
las Inmensas Viudas
a la luz de los Oropensantes-luceros,
Emisarios que se perdieron en el cielo de níquel
sin desanillar su mensaje
y el Ambimano Tatuador
cegado por la lluvia de ojos de hilo.

domingo, 15 de diciembre de 2013

La eventualidad de la película - Fábrega



La eventualidad de la película

De Salamanca del Choapa
No quedan más que ríos y palmas

Allí pensé en mi trascendencia
Un día cuatro de febrero de 1992

Recordé mi futuro

Como si los vientos  me contaran que seré un fracasado     más

Nada ocurría en el pueblo
Solo el vino conversaba con las calles, y las plazas

Los cerros me dijeron:
“vos nos sos llanero“
me derrumbé

Ramiro Rafael Berrillos, el poeta
Escribió una carta, decía:
                                                                                                     La Tirana, 1992
 Pareciera que la ambigüedad hace la correspondencia, vos sos la muerte y no el diablo. Déjate de actuar en bailes y fiestas. Vente a La Tirana, hombre, hombre de mala fe. La poesía es el lenguaje del tiempo.
Un abrazo para- conmigo
RRB



El mar                                                       El mar                                                                                        
                  Me hablaba de seres que
Sin saberlo, cayeron en cuenta del infortunio
                    Cayeron en cuenta del infortunio


Ese día parecía: multiplicarse

La nieve  reflexionaba 
Contemplaba la realidad, y pronunció su discurso:

Tu futuro no es más que el de un pecador, absoluto. Un pecador por excelencia. Tu existencia es la de fracaso en fracaso. Caída tras caída.
¡De pie muchacho!

Los jueces: Nunca debatas creyendo tener la razón
                    ¡Como creerles!




y los bosques, ellos sí que hicieron rememorar el pasado
y los pájaros cantaban un himno en la patria

la sangre exigía otro color
las piedras se mantuvieron quietas aquella madrugada


Los árboles  pronosticaban el porvenir
y yo era causa de mi llanto

La densidad de mi ser era una rareza
estuve consumido en la totalidad de mi existencia.
fui un grito

Un día, llegué a reconocer mi deuda
Mi deuda eterna con la madre
Todo se abrumó en un eclipse

Un día pensé en la proximidad
y caí, caí
en los dominios del tiempo



 Tomás Manuel Fábrega

La eventualidad de la película II - Fábrega



La eventualidad de la película II

                                                        "¿Qué es mi nada, junto al estupor que os espera?"
                                                                                                  Jean Arthur Rimbaud

Todo ha sucedido en fin
como para la eventualidad de una película


La lírica en una historia
la filosofía en un zapato
y el licor nuevamente en las esquinas

una bicicleta ha de llevarme a los más oscuros caminos de la tierra
una bicicleta, ha de salvarme
en una salvación dejo todas mis esperanzas


Y yo atormentado
Cómo iban a conversar  todos los seres que: parecían inertes a mi inútil existencia

Creo que todo ha pasado


Y la naturaleza habló como para no callar
Sólo para decirme:
que en el futuro iba a estar, muerto y para siempre.


Tomás Manuel Fábrega


Una práctica inconclusa... - Tomás Manuel Fábrega




Una práctica inconclusa de cómo enmendar la relación con nuestro enemigo tiempo

                                     “Es para llorar que la muerte es tan rápida
                                                              Es para llorar que la muerte es tan lenta”
                                                                                  Vicente Huidobro

Debemos ser libres de la edad y el tiempo
 Porque el río pide una visita
y mi nogal, un riego inconcluso

debemos ser libres
porque así lo ansía tu mirada
así lo exige mi padre
así lo exigen los poetas.

Porque así lo pide el tiempo
porque así lo pide el tiempo

debemos ser libres de la edad y el tiempo
porque así la muerte – culmina-
y es muerte
y no existe

porque así lo exigen las moscas
que de un día al otro
ya se fueron

¡Adiós tiempo querido!

Como ha de ser posible
que en nuestras existencias
seamos perros vagabundos
seamos ratas despeinadas
y no seamos en esencia
lámparas  y velas

Porque por atrás ataca la muerte
y nos lleva lejos
¡Adiós tiempo querido!

Nos despreocupemos de vos                         Porque aprendimos que


Debemos ser libres de la edad y el tiempo

Esclavo de la muerte - Tomás Manuel Fábrega




Esclavo de la muerte

 Soy  esclavo de la muerte
quién diría lo contrario
si paso preguntándome por un pueblo fantasma
si paso preguntándome por el pasado

uno dirá
            qué hacer

cuando ya no ves en el campo
cuando ya no aprecias en el llano
cuando ya no cantas en el canto

uno dirá
            qué hacer

cuando ya no amas en la tierra
cuando ya no se puede, leer

soy esclavo de la muerte
ya lo sé



Tomás Manuel Fábrega

lunes, 9 de diciembre de 2013

Camerata Ciega - IX


IX


“….Forasterito soy, sin consuelo estoy. Pasajerito soy, mañana me voy…”
(Huayno Tradicional Andino)


Ver las ventanas,
Irse, volverse blancas.
Partir al galope de la escarcha que jamás vi sudar
Nieve en la mañana del desayuno,
Ni en el otoño eterno del cielo.
Forzar una rima aérea,
Caer, ser flor de loto y bebido
Nacer en las entrañas de un camello.
Anidar, reír y atravesar los senos perfectos
De la tierra, entre arañas de néctar a abeja jugar.
Frutos, árboles y seda que escurre
De las entrepiernas de alguien,
Ser océano y una ola que quiere ser mariposa.
Postrar los ojos e incendiar parabrisas
Con un suave vaho de lluvia,
De boca que quiere despedida.
Y no es adiós, ni hasta luego, ni vete al carajo,
Incierto es,
Sombrío quizá, cómo un buenos días a la antesala de medianoche.

Y a las cuatro se levanta,
Como un ave blanqueada por un efímero invierno.
Junto con pasos inciertos que se reproducen por millones,
Insomnes como sus mismas huellas, amnésicas de sueños.
Forastero, pasajero, que de la montaña viene,
Que con el orgasmo del sol en oriente, parte
Y hace un Nilo acuoso en Saharas de piel, en dunas de leche.
No quiero irme,
No quiero ser una plegaria lejana.
Pero tampoco he de plantar mis pies en estas
Rocas tan hambrientas.
Volver a los vidrios verdes,
En cerebros estallar carcajadas,
Y quizá un bosque de hadas florece en mandíbulas,
Quijadas, inquietas lenguas de leguas mil.
Leñador ronda y abre sus manos de ampollas,
Vino, hierro, atardeceres granulados en su hoja virgen.
Ya los ríos duermen como los niños de Herodes,
Madre amasa galletas y chispas dulces de entrañas
Se recuestan, tranquilas, serenas,
Paladar no conoce el sabor de nada.
Del sexo un umbral delgadísimo, la muerte
Un limbo más vivo que la fe.
¿He llegado acaso? ¿He dado tres golpes a un portón de gelatina?
A lo mejor sólo parezco un pedestre semáforo.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Sonata de la pastora



Sonata de la pastora

Bellísimos animales
que pasan y dejan en mí
la estela del río y de la bestia,
del alarido y del dolor extático
—arpegio,
dedos ante un cristal,
yemas y corazones prensados al vacío.


*


Te siento...

Me siento...

Así nos sentimos
en el aire a través de mí
y de vos
Cuando estás a distancia
un temblor de aire,
de muebles y de ríos
subterráneos, en los contornos de todo a través de mí
y de vos,
verdaderamente.

Mirame cuando paso,
MIRATE
hay nenes volando entre nosotros
fiebre alucinatoria de niños sepultados
y un salmo abierto en cada rincón.

Te tocaría si no fueras a romperte.
Te bañaría de palmas, si no fuera a amarte.
Te daría estrellas sensibles para cada diente.

Sí...   Sí...
No...   No...
No me mires
No me toques
No me hables
puedo empezar a sudar hilos de brea por alguna parte.

¿Por qué tus piernas y nalgas buscan el cielo
llenan el espacio con tus juegos de acróbata
tan bellamente? ¿por qué
el negro se encierra en tus ojos
y vuelve desde el fondo de la noche convertido en luz clara?
¡Cómo traen flores del campo, flores de sapo y manzanilla,
tu alma blanca tan desprendida,
tus rasgos en piedra —santa— pulidos por el sol,
tu risa... la manzanilla... tu risa...
la campana aromática de papel blanco
que suena para todos desde adentro tuyo
y para todas las criaturas que pacen en el campo
—pequeña, populosa flor!


Algún día te tocaré las manos.
En ellas, sólo en ellas,

seré una sonata de viento recorriendo tu color.


Franco Bordino

sábado, 23 de noviembre de 2013

PSICOANALÍRICA: La poética que Freud no escribió




Con los siglos hemos aprendido pocas cosas de los poetas con cierta objetividad. Una de ellas es su carácter de intermediario – un carácter que nunca define cuáles son los estratos conectados por este mensajero. El psicoanálisis en su lectura lineal dará cómo resultado la cobriza imagen del poeta, ser intermediario entre el neurótico, el niño y el primitivo, retornando constantemente a sus etapas psíquicas ya superadas, o mal superadas. Pero la hermenéutica freudiana a gran escala es un espectáculo grotesco aún más grande: volar en un sueño es símbolo de la angustia por la erección; el miedo a la ceguera es el miedo a la castración; la multiplicación onírica de órganos (no sólo sexuales) es también temor a la castración. La poesía es la mera fantasía infantil transportada al mundo adulto cómo necesidad de expiación de la insatisfacción y la carencia. Intentaremos sacarle un poco más de biodiversidad a esta certera sierra de carniceros que se obsesiona por los nervios.

Nada de lo siguiente fue dicho por el padre del psicoanálisis, que amaba por igual a la poesía y a sus perros. Aún así, leeremos en detalle cada uno de sus textos para falsearlos.

1. Siguiendo la recta senda, leemos en El creador literario y el fantaseo (1907) que el poeta no sabe cómo hace su poesía, y saber cómo realiza su obra tampoco nos hará poetas. Es un principio bifronte que tiene dos mil quinientos años, desde el Ión de Platón, al menos, se divulga por Occidente. Freud cree deshacerse de esta dificultad diciendo que en todo hombre se esconde un poeta, y que el último poeta sólo desaparecerá con el último de los hombres. Evidentemente, sólo devendrán horrores y abortos de este axioma fordista, democrático. Las creaciones artísticas resultado de un dictum tal, el mismo autor lo aclara no sin orgullo, serán maniqueas, estereotipadas, previsibles, repetidas, no dignas de los poetas más estimados, sino de aquellos que encuentran lectores y lectoras más numerosos y ávidos.
Bien, seguimos entonces, la poesía es un juego, una fantasía reglada, con un inmenso capital simbólico y afectivo, pero opuesta a la realidad efectiva. La poesía es un tejido, un sudario que extendemos sobre el mundo como una luz o un vibrar. Poesía e irrealidad, esta es la yunta clave del placer estético. La poesía es un sistema psíquico cerrado, sin público y sin esoterismo. Y el poeta es sólo un mediador de las culpas y vergüenzas subconscientes, un proyector al futuro sedimentado en oscuras dimisiones infantiles.
Sin embargo cuando el poeta operante debe aparecer, Freud nos dice que la elección y síntesis de sus materiales, incluso mínimamente a nivel psíquico, nos está vedada. Y a su vez, el proceso realmente artístico, formal, el comprender cómo se pueden trasladar las fantasías y deseos al campo de lo público, de la expectación, y no generar asco, repudio, vergüenza (vergüenza es el nombre del poeta) sino placer estético, entonces, oh, también nos están prohibida la química y la síntesis.

domingo, 10 de noviembre de 2013

El gen argentino de la autoconciencia



El gen argentino de la autoconciencia

Nunca entenderé el culto al mate, su elevación poetizante a rito trascendental, toda esa cháchara del trasfondo humano y filosófico de tomar mate. El mate es algo tan cotidiano y tan simple que es imposible considerarlo un rito, algo que se haga con adoración y atención especial. Los centroamericanos bailan, los bolivianos mascan coca y los argentinos y los uruguayos toman mate; fin de la cuestión, es tan simple como eso. Tomar mate es un asunto tan simple y tan mecánico como el ciclo migratorio de las gaviotas o la cogedera constante de los conejos, nada más. Es mentira que nos hacemos amigos porque tomamos mate, o que con el mate aprendemos el valor de compartir. El mate es algo tan instintivo y tan cercano para nosotros que uno puede tomar mate mientras hace cualquier cosa, mientras charla con gente, mientras está solo estudiando, mientras trabaja, hasta sé de gente que se lleva el mate al baño. Porque nos resulta tan familiar, tomar mate no requiere de uno el más mínimo de atención ni la más mínima modificación de su conducta. Los garcas y mezquinos también toman mate (hay que decirlo de una vez, porque este detalle siempre se pasa por alto cuando se hace el encomio filosófico del mate), hay gente que toma sola y no convida o que por cada mate que da a los otros se toma ella tres (yo soy de esta última clase). Repito: el mate no tiene ningún valor ni ningún significado espiritual por detrás y en sí mismo. Tomamos mate como vamos al baño, como dormimos, o como hacemos cualquier otra función orgánica a lo largo del día, la mayoría de las veces

sábado, 9 de noviembre de 2013

El corazón de una novela


El corazón de una novela

Por la ventana Carola vio al cartero.
Un hombre de gafas, casado, a punto de jubilarse, y de hacer con su esposa el soñado viaje a Nueva York. Un viaje de 15 días, solo para ver la nieve a través de un enorme ventanal de hotel lujoso. Toda una vida de ahorros.
Monte es frío pero es una mierda y en Monte nunca nieva.
Ese era el cartero según Carola, y eso era Monte según su hermano mayor que cada tanto se metía en el ordenador de su hermana para agregar cosas a sus cuentos.
El cartero real anunció que se trataba de una novedad del círculo de lectores. MiMí, la madre de Carola, dijo:

- Yo no sé para que gastás en eso. Comprate ropa, comprate algo mejor.
Igual Carola salió dando muchos brincos de alegría, a recibír su libro, a firmar la planilla, chocolatipostres, una antología de poemas culinarios compilada por la cocinera de postres de la tele.
Roque arrebató el libro a Carola, a ver? Guau, poesía dura, ideal para llevar al cagadero. Había sacado esa palabra de los libros de Bukowsky. - Mierda de burgueses.

Princesa Bú


Querida princesa Bú:

Ser predicador es algo que hace doler y transpirar los pieces. Pero es reconfortante ver como nos reciben los ancianos.
Todos los martes- sin importar el clima- salimos a propagar la palabra.
Cada grupo tiene su territorio. Abordamos un micro sin perfume de micro. El viaje es placentero: canciones. Palmas. Podemos descalzarnos.
Grupos de predicadores van bajando en cada pueblo. A mi, a Verónica, y a un muchacho pelado que viene del mundo de las computadoras nos dejan en Lincoln.
Al ver el sol de este pueblo me acuerdo de Monte: es cierto que si Dios se manifestara en los cielos, con una túnica luminosa, los habitantes de Monte se lo perderían. ¡Cómo odiabas las nubes espesas de Monte!
En verano los mocasines aprietan, pero por gracia, en la ruta de predica hay galerías de árboles y los ancianos nos dejan pasar la tarde en los patios de sus casas.
En estos días aprendí mucho sobre fuentes, descubrí que con las fuentes nunca se sabe: el martes antepasado metimos los pieces en una y los renacuajos nos hicieron cosquillas. Y no sé porqué en ese momento me acordé de los antros de pecado a los que te llevé. Me imaginé el amor al prójimo chorreando asquerosamente por las paredes y las camas, y de verdad me sentí terriblemente triste.
En otra ocasión nos metimos en una fuente con forma de riñón. La fuente parecía de plaza, pero estaba en el patio de la casa de un matrimonio. El hombre está demasiado gordo. Un día llegamos a predicar, y la esposa del hombre dijo: gracias a Dios que vinieron, muchachitos. El hombre demasiado gordo llevaba dos días en el suelo. En el esfuerzo de levantarlo, al pelado que viene del mundo de las computadoras se le escapó uno.

La gata en la ciudad de sombras




La gata en la ciudad de sombras


Mi hermano mayor escribe historietas.
Pero las guarda bajo llave. Mis otros hermanos, ninguno de los 5, hacen esfuerzo alguno por abrir la caja que está en su habitación. Yo soy el único que se pega a él en esta manía de escribir.
Después de varios meses de encierro, Jorge salió. Yo no sabía a qué hora iba a volver. Estuvo todo el día fumando y moviendo la pierna. El enano siempre le compra los cigarrillos; como propina Jorge le regala pases de cartón para la calesita.
A veces voy al baño en la madrugada y encuentro a Jorge fumando en el descanso de la escalera, mira el agujero en el techo, las tres o cuatro estrellas.
Aprovechando su ausencia, me metí en su pieza. Me hubiera gustado tener cloroformo para dormir al enano, que no se cansaba de hacer percusión en la puerta. Abrí el mueble con una ganzúa que fabricó Lucas, mi otro hermano. Me encandiló una linterna que estaba prendida dentro del mueble. Iluminé el cuarto: Pilas de revistas, Atalaya recortadas, Selecciones de colección, libros de Verne condensados, toneladas de tarjetas celtas y fajos de pases para calesita. No había otra luz que la linterna, apunté a la historieta y me puse a leer...

Orlando, el alter ego de Jorge, un tipo de pelo ondulado y camisa, discute con una mujer hermosa. A ella se le marcan los pezones en el camisón y el pelo húmedo se le pegaba a la frente. Hace calor en esa sala de hospicio. “una fuerza nos impedía estar juntos, algo ajeno a nosotros”, dice la nota recuadrada sobre el dibujo.

- ¿Por que has venido?- pregunta la chica
- Soñé- responde Orlando, sombrío.- Todo termina hoy.
Para bien o para mal, pensó.
- Con Ignacio tengo suficientes visitas. Por mi está bien, no vuelvas.
ja, su orgullo sigue intacto, Piensa Orlando, y dice:
- ¿Ningún otro viene a visitarte, algún amigo?
- ja ja ja- esos ojos desorbitados, gotitas de transpiración en la frente.- ¿desde cuando tenemos amigos nosotros?
cierto, son todos inventados, todos personajes de historieta

Intervención vanguardista




Intervención vanguardista (serie de Soja)


Flema, Osvaldo y Juan estaban sentados contra la pared de lo que había sido una farmacia. Ahora abandonada, los vidrios destruidos, una reja impedía el paso. El trío intentaba descifrar como podía haber entrado el hombre, que entre papeles de diario y cartones, dormía ahí, a veces acompañado por su pareja, otro reo, al que se lo veía siempre borracho intentando pelear con las camionetas, flamantes de abogados y concejales..

- lo peor es cagarse y vomitar a la vez.- afirmó Osvaldo.
- Te partís en dos, como si uno te tirara del cuello y otro de las piernas.- acotó Lucas ilustrativo.
- Quiero volver a casa, creo que tengo cólera.
- ¿querés?- Juan extendió la botella y flema le dio un largo trago interrumpido por una arcada.
- ¿por qué no te compras un protector hepático antes de seguir bebiendo?- preguntó Osvaldo.
- ¿a esta hora? ¿dónde?
- En lo de la Tana.- repuso Juan.
- Paso la medianoche por si no te diste cuenta.
- Esta abierto, lo de la Tana, está siempre abierto, año nuevo a las doce está abierto.- empezó Osvaldo.- es gente trabajadora, gente que en un año hace la fortuna que vos haces en toda tu vida, porque trabajan DIA y noche...
- así son los cáncer que se agarran.- dijo Juan
- No hay secretos: iniciativa, trabajo.- términó Osvaldo ignorando la acotación de Juan.
- Prefiero caminar.- dijo flema.

El trío se puso a transitar las calles de la ciudad dormida. Osvaldo señaló la cara de un político en un afiche; “ese mentiroso va a ganar las elecciones” dijo y se puso a monologar sobre el mentiroso hasta que Juan lo interrumpió para señalarle que en la casa de cultura estaba la muestra llamada “la ciudad no duerme”. Una exhibición de lo mejor del arte vanguardista zonal, auspiciada por la secretaria de cultura.
Entraron.
El grupito de artistas se agrupababa en un oscuro rincón del lugar.

- me siento mal de nuevo.- dijo flema.
- Ahí tenes un inodoro.- señalo Juan.
Al pie del inodoro, blanco, sin tapa, una placa decía;”Simbiosis conyugal” autora Felicita Herrera de Cordes, curador; Thomas DuPont. Una pareja giraba en torno a la obra y dialogaba bajito, después le sacaron una foto.

domingo, 27 de octubre de 2013

Sobre una sonata



Sobre una sonata


Esta vez abro enlaces web,
Toda la nieve de calles pintadas a gas ya no existe.
Esta vez chupo la existencia de
Una bolsa de té, su dulce amargor.
........................................Lo prístino.
Arrullando besos,
Entre mis manos y mi vista saturada de oro y nostalgia.
Es así, lo que produce una imagen de uno ochenta al cuadrado,
Inocencia y provocación,
Esta vez seré laureles que se enroscan en labios y no épocas.
...................................Transmutación.

Pasearé entonces con dinosaurios,
Jugaré a las muñecas y esconderé sus fósiles bajo la arena.
Habrán miles de espejos, y bálsamos y…
Cerraré la tapa de 88 mundos que absorben y reflejan
La no fragante oscuridad.
Silbará el aire, loco.
.................................. Las pisadas sueñan.


TIÉPOLO FIERRO LEYTON

Hechos aislados



Hechos aislados

Se dice que en la costa caribe colombiana existe un pájaro al que se conoce con el nombre de “carrao”. Aunque esta ave habita en casi toda Latinoamérica, el carrao de la costa norte colombiana es especial. Los mayores y los lugareños hablan de que en épocas de sequía, cuando no encuentra alimento, el carrao posa su cuello en las horquetas de las ramas de cualquier árbol, el que más cerca esté. Y así deja caer su cuerpo hacia el vacío, ahorcándose en teoría. Ese verano parecía jamás terminarse y se preludiaba un suicidio colectivo de pájaros en la finca de Soledad Enríquez, allá en la costa lejana pero lejos del mar, entre los límites del desierto y la sabana.

A mil seiscientos kilómetros de allí, Juan Antonio Jiménez, mientras caminaba por la calle al albor de la madrugada, se detiene a pensar en lo que había hecho la noche anterior cuando llegó del trabajo y entró a su apartamento situado en las afueras de la ciudad. A su alrededor (había caminado por horas) vagaban ahora sirenas de autoridad sin rumbo. Miraba que al revólver sólo le quedaba una bala de las seis que por lo general suele tener siempre. Esa noche de ayer había errado un tiro que destrozó un jarrón con la efigie de un emperador nipón o chino, pero era seguro de que había vengado la traición de su mujer con su hermano. Así como Juan Antonio se había detenido a pensar, los carraos de la finca de Soledad Enríquez hacían los preparativos para el suicidio colectivo de la madrugada puesto que la sequía había llegado a un punto crítico, ellos no encontrarían alimento entre los árboles secos y marchitos.

El sol ya había comenzado a mostrarse y como hecho aislado, Soledad Enríquez se levantó de la cama para dirigirse al patio de la casa y regar como de costumbre los orines de su bacinica en la tierra seca. Cuando alzó la vista inconscientemente hacia el árbol de mango (sin ningún fruto y casi muerto) que tenía en frente y que se postraba en el centro del patio, vio a unos pájaros hambrientos que parecían conversar entre ellos, pero que de repente posaron su mirada en ella. Seguramente se sintió confundida, llena de curiosidad y estupefacta. Los carraos le clavaban la mirada y la mujer simplemente sostenía una bacinica vacía al tiempo que observaba la escena. Mientras tanto a Juan Antonio Jiménez le quedaba como remedio también hacer ejercicio de observación, pero con un poste de luz al que le faltaba poco para apagarse puesto que el día ya salía de entre las montañas. El hombre entonces suspiró un alea jacta est cuando era seguro que la policía lo estaba buscando por toda la ciudad, todo esto hizo antes de dirigirse al caño conocido como “Arzobispo” y hacer el papel de Marco Antonio y no Julio César.

Cuentan entonces que esa madrugada de mediados de noviembre un estruendo enorme se escuchó en el territorio de los carraos de la costa caribe colombiana. Las lluvias torrenciales habían iniciado y ellos, los pájaros no tendrían ya la necesidad de ahorcarse en los árboles. Cuentan que para celebrar el fin de la sequía estos se abalanzaron sobre una atónita Soledad Enríquez y la desaparecieron entre sus picos. Las aves surcarían felices el cielo entre la tormenta y a mil seiscientos kilómetros y 75 metros de allí, Juan Antonio Jiménez, empleado público del estado y posible candidato a la presidencia, descendería con un pedazo de plomo en el cráneo por las aguas putrefactas del caño Arzobispo.

Durante años los científicos ignoraron esta historia, y creyeron que lo especial de los carraos de la costa caribe colombiana residía en su determinación de suicidarse cuando todo está perdido. Sin embargo hace poco tiempo un ornitólogo holandés visitaría estas tierras costeras pero alejadas del mar para estudiar estas aves singulares. En su peregrinaje un sabio de la región le contaría que los carraos son los encargados de llevarse a las personas de este mundo hacia la eternidad. Así el ornitólogo conocería de la verdadera singularidad de estas aves, de cómo se llevaron de la tierra a Soledad Enríquez, de cómo esa madrugada terminaría la peor sequía de la región en toda su historia, de cómo el disparo que Juan Antonio Jiménez profesaría en su cabeza se transformaría en trueno a mil seiscientos kilómetros de distancia. El científico holandés regresaría a su país, pero jamás entendería por qué el sabio tenía conocimiento de esas cosas.

Ese ornitólogo es pues quien escribe estas líneas y trata de dilucidar ese porqué, que es en realidad el verdadero tema de esta historia. Quizás el sabio era viento y podía ir de un sitio a otro rápidamente, quizás el sabio era uno de los carraos de esa finca, quizás a ese sabio le contaron esa historia sus abuelos a quienes sus abuelos les contaron lo mismo y así sucesivamente hasta el fin del presente mismo, pero con diferentes variantes: Soledad Enríquez como una esclava negra o Juan Antonio Jiménez como un cacique caribe.

Quizás sencillamente me haya topado con un loco en ese viaje en principio científico, quizás la misma historia que estoy narrando jamás sucedió y sea la invención de este anciano que consideré sabio como un hecho aislado en esta historia de aparentes y ambiguos hechos aislados.


TIÉPOLO FIERRO LEYTON

Posible suicidio de Li Po



LLAMADA TELEFÓNICA DE UN PADRE A UN HIJO O VICEVERSA
(POSIBLE SUICIDIO DE LI PO)


Cuentan que Li Po, el genial poeta clásico chino, tenía una forma muy singular de seleccionar sus poemas. Dicen que siempre que escribía un poema en un trozo de papel de arroz se lo entregaba a una mujer con retraso mental, quien, aparentemente, lo olía, lo miraba (a ciencia cierta es imposible saber si ella sabía leer) y, si a ella le gustaba, se lo entregaba de nuevo al poeta dipsomaníaco. De lo contrario, lo arrojaba al piso. Cuentan que Li Po le hizo un poema a esta mujer, un poema especial para ella, pues había llegado a amarla y quererla como el vino mismo. En ese instante se hallaban cerca del rio Amarillo. Cuentan que la mujer con retraso mental arrojó el poema al agua luego de verlo y posar su nariz sobre las palabras, y, junto con él, al poeta de destrozado corazón. En ese instante la luna brillaba. La mujer, también cuentan, siguió su camino perdiéndose entre la espesura del bambú.




TIÉPOLO FIERRO LEYTON

viernes, 18 de octubre de 2013

Una película con violencia de género




CRITICAS DE CINE

UNA PELÍCULA CON VIOLENCIA DE GÉNERO



Esto puede ser anacrónico, hablar de Waterworld en el 2012. Pero así como la maquina de Costner se recicló y se usó para salvar a Estados Unidos del caos...,
En los 90s el boss de Dennis Hooper era un malo actual, ahora es un malo retro que nos recuerda a los días de Final Fight. Tengo ganas de hablar del malo más malo de todo el cine, pero no se como encajarlo. También lo hizo Hooper en Bluevelvet...
No importa, la cosa es que anoche (tres de la madrugada) veía Waterworld, Danza con lobos y Robin hood envejecieron y no hay forma de reciclarlas aunque ya me las conseguí y en estos días voy a volver a verlas. Danza con Lobos y Robin envejecieron, pero Waterworld es reciclable, hay que verla, como hay que jugar de nuevo a Cadillacs y Dinosaurios.


Los motivos del fracaso

En los Simpson se burlan de Costner, Milhouse mete una ficha y Costner da dos pasos, se detiene, GAME OVER, INSERT COIN. Parece que los productores de Waterworld, Kevin entre ellos necesitaba recuperar algo de plata, y el pobre Milhouse, etc. Pero ¿porqué fracasó una película apocaliptica?

1) Anoche cuando la empezamos a ver, mi hermano me pregunta:
- ¿Va a pasar todo en el agua?
- Sí...
- Entonces en cualquier momento me asomo por la ventana y me echo un vómito.
El agua marea. En el cine puede llegar a ser intolerable una cosa así, más para el público flojito.

2) La calvicie de Costner: los 90s no sólo es la época de los Boss, de reciclar los 70s de Bruce Lee, en Argentina de los garcas, del neo... geo. También es la época de los productos capilares para los hombres, acaso envejecían los hippies. Creo que Costner no los conoció, ¿quién niega que Kevin es uno de los actores más lindos? Pero así, pelado, las mujeres no lo querían. Chau Público femenino y gay. Chau exito.

3) Se le va la mano con el maltrato a las mujeres:
La hermosa mercader se desnuda frente a él, deja caer la toalla y la cámara la toma de atrás. Entonces Costner tira de una soga y sobre la mujer cae una lona enorme y pesada. No conforme con eso, le da un mazaso en el lomo.
La mujer es ilusa, y sí, claro; cree en Terrafirme, él intenta desengañarla. La sacude, la samarrea tres veces, la espalda de ella golpea contra la madera, el samarreo es excesivo. Ella desiste, pero él la samarrea una vez más. Como si quedara eco. Después la mete en una pelota de cristal y la sumerge hasta lo profundo, le muestra los edificios en el fondo del mar... y junta un puñado de tierra: "¿ves, ves, boluda? Acá está la tierra".

Y ya para enfurecer a la asociación protectora de mujeres obliga a la mujer a tener sexo con un naufrago.

4) Los malos se llevan a la nena, la hija de la mujer. Costner (le digo Costner porque nunca sabemos su nombre) y la mujer se sumergen y por eso se salvan del Boss del ojo emparchado. Salen a la superficie, la nena ya no está, se la llevaron los malos, pero Costner dice: "My boat." Lo único que le preocupaba era el estado en que los malos habían dejado su bote.
El cine necesita de buenos y malos, este es un bueno, como también puede considerarse bueno al tipo que llora después de romperle la boca a la mujer. Solamente que Costner nunca llora.

Y un detalle menor: En un momento Kevin y la niña que tiene tatuado el mapa de terrafirme nadan, se sumergen como peces, la camara se vuelve lenta, la niña y él salen a la superficie, pero la camara hace foco en él, él se sacude el "pelo", como un divino, en camara lenta y la nena queda en segundo plano.

No hay que hacer una remake, lo hicieron con Pesadilla en Elm Street y vean lo que pasó. Waterworld tiene que volver al cine, tal y como está. Es momento de que esos productores jugados recuperen las perdidas.


Matías Rano

martes, 8 de octubre de 2013

Allen Ginsberg - Kaddish en español (fragmento)





KADISH

Para Naomi Ginsberg, 1894-1956


I
[Proemio][1]

Es extraño pensar ahora en vos, ida[2] sin corsets ni ojos, mientras camino por el pavimento soleado de Villa Greenwich.
En el centro de Manhattan, mediodía de invierno despejado, y llevo toda la noche levantado, hablando, hablando, leyendo el Kaddish en voz alta, escuchando el grito-blues de Ray Charles ciego en el fonógrafo
el ritmo el ritmo —y tu recuerdo en mi cabeza tres años después— Y leer en voz alta las últimas estrofas triunfantes de Adonais[3] —lloré al darme cuenta de cuánto sufrimos—
Y de cómo la Muerte es ese remedio con que todos los cantantes sueñan, cantan, recuerdan, profetizan como en el Himno Judío, o el Libro Budista de las Respuestas —y mi propia imaginación de hojas secas —en el amanecer—
Soñando hacia atrás a través de la vida, Tu tiempo —y el mío acelerándose hacia el Apocalipsis,
el momento final —la flor ardiendo en el Día— y lo que viene después,
mirando hacia atrás en la mente misma que vio una ciudad americana
un flash a otra parte, y el gran sueño de China o Yo, o vos y una Rusia fantasmal, o una cama arrugada que nunca existió—
como un poema en la oscuridad —fugado de vuelta hacia el Olvido—
Nada más para decir, y nada por lo que llorar excepto los Seres del Sueño, atrapados en su desaparición,
suspirando y gritando por ello, comprando y vendiendo pedazos de fantasma, adorándose los unos a los otros,

domingo, 22 de septiembre de 2013

El pasado del bosque - Fábrega


El pasado del bosque 

El pasado de un bosque me extraña
dónde debo decirle al acorde que se haga presente
dónde debo decirle al lagrimal que me deje
dónde debo decirle al lobo que aparezca

El pasado de un bosque me extraña
debo decirlo


El pasado de un bosque
requiere de presentes
el pasado del bosque es el pasado del hombre

El pasado de un bosque me extraña
Cuando debo oírlo a él y a sus gritos misericordiosos
Cuando debo hacerle ver su pasado oscuro
su analfabetismo y su don de ser precisamente
un bosque




Tomás Manuel Fábrega
del poemario Escrito en llano

jueves, 19 de septiembre de 2013

Job argumenta contra Dios





JOB ARGUMENTA CONTRA DIOS

¿No es acaso brega la vida del hombre sobre la tierra,
Y sus días como los días del jornalero?
Como el siervo suspira por la sombra,
Y como el jornalero espera el reposo de su trabajo,
Así he recibido meses de calamidad,
Y noches de trabajo me dieron por cuenta.
Cuando estoy acostado, digo: ¿Cuándo me levantaré?
Mas la noche es larga, y estoy lleno de inquietudes hasta el alba.
Mi carne está vestida de gusanos, y de costras de polvo;
Mi piel hendida y abominable.
Y mis días fueron más veloces que la lanzadera del tejedor,
Y fenecieron sin esperanza.
Acuérdate que mi vida es un soplo,
Y que mis ojos no volverán a ver el bien.
Los ojos de los que me ven, no me verán más;
Fijarás en mí tus ojos, y dejaré de ser.
Como la nube se desvanece y se va,
Así el que desciende al Seol no subirá;
No volverá más a su casa,
Ni su lugar le conocerá más.
Por tanto, no refrenaré mi boca;
Hablaré en la angustia de mi espíritu,
Y me quejaré con la amargura de mi alma.
¿Soy yo el mar, o un monstruo marino,
Para que me pongas guarda?
Cuando digo: Me consolará mi lecho,
Mi cama atenuará mis quejas;
Entonces me asustas con sueños,
Y me aterras con visiones.
Y así mi alma tuvo por mejor la estrangulación,
Y quiso la muerte más que mis huesos.
Abomino de mi vida; no he de vivir para siempre;
Déjame, pues, porque mis días son vanidad.
¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas,
Y para que pongas sobre él tu corazón,
Y lo visites todas las mañanas,
Y todos los momentos lo pruebes?
¿Hasta cuándo no apartarás de mí tu mirada,
Y no me soltarás siquiera hasta que trague mi saliva?
Si he pecado, ¿qué puedo hacerte a ti, oh Guarda de los hombres?
¿Por qué me pones por blanco tuyo,
Hasta convertirme en una carga para mí mismo?
¿Y por qué no quitas mi rebelión, y perdonas mi iniquidad?
Porque ahora dormiré en el polvo,
Y si me buscares de mañana, ya no existiré.


LIBRO DE JOB, capítulo 7
ANTIGUO TESTAMENTO DE LA BIBLIA CATÓLICA
TANAJ HEBREO
(Posiblemente escrito por Moisés.)

Un hombre está mirando a una mujer... / Vallejo



Un hombre está mirando a una mujer...

Un hombre está mirando a una mujer,
está mirándola inmediatamente,
con su mal de tierra suntuosa
y la mira a dos manos
y la tumba a dos pechos
y la mueve a dos hombres.

Pregúntome entonces, oprimiéndome
la enorme, blanca, acérrima costilla:
Y este hombre
¿no tuvo a un niño por creciente padre?
¿ Y esta mujer, a un niño
por constructor de su evidente sexo?

Puesto que un niño veo ahora,
niño ciempiés, apasionado, enérgico;
veo que no le ven
sonarse entre los dos, colear, vestirse;
puesto que los acepto,
a ella en condición aumentativa,
a él en la flexión del heno rubio.

Y exclamo entonces, sin cesar ni uno
de vivir, sin volver ni uno
a temblar en la justa que venero:
¡Felicidad seguida
tardíamente del Padre,
del Hijo y de la Madre!
¡Instante redondo,
familiar, que ya nadie siente ni ama!
¡De qué deslumbramiento áfono, tinto,
se ejecuta el cantar de los cantares!
¡De qué tronco, el florido carpintero!
¡De qué perfecta axila, el frágil remo!
¡De qué casco, ambos cascos delanteros!


CÉSAR VALLEJO, de "Poemas humanos"

A un hombre de esta galaxia - Tiépolo



A un hombre de esta galaxia

Por esta tarde siempre se repite,
Por esta tarde y en las tardes de otros cien mil días.
El silencio y dicho está,
Y su eco frunce el ceño en el asco de los poetas.
Seco, evapórese el mentecato y la tormenta,
Por este sol de mentes cautas y ávidas, famélicas, putas de su propia presa.
Y ya no te atreves a sembrar cigarros en la neblina,
A pasear jarrones en el lodo,
Ni lamer el estiércol fresco de los planetas,
Nunca más.
Por esta tarde,
El canon es absurdo y raquítico de impulso,
Con toda la inmundicia que rodea a este lecho,
Repartiéndose en palabras untadas de coñac barato
Y canapés menos pretensiosos que el hambriento bidé que
Amaría destrozarles el sexo con sus tripas esmaltadas.
Habrás de colgarte de orejas,
Reír con lombrices en tus huesos
Y regalarte cuajos de tu postmoderna bilis.
Por esta tarde, que es metástasis.
Por esta época que traduce el cáncer de lo humano.



TIÉPOLO FIERRO LEYTON

miércoles, 31 de julio de 2013

Rilke: Sonetos a Orfeo



I (II)

¡Respirar, invisible poema!
Espacio cósmico puro incesantemente
Trocado por el propio ser. Contrapeso
Donde rítmicamente me produzco.

Única ola cuyo
Lento mar soy yo;
Tú, el más rico en reserva de todos los mares posibles,
Ganancia de espacio.

Cuántos de estos sitios de los espacios estuvieron ya
Dentro de mí. Más de un viento
Es como mi hijo.

¿Me reconoces, aire, tú que estás lleno aún de lugares, que antaño fueron míos?
Tú, lisa corteza un día,
Redondez y hoja de mis palabras.



DE "SONETOS A ORFEO"
VERSIÓN DE EUSTAQUIO BARJAU

Artaud: El tiempo donde el hombre era un árbol


Compartimos este poema brillante, curiosamente poco citado por aquellos filósofos que han escrito tanto sobre Artaud, tal vez porque enuncia con demasiada claridad aquello sobre lo que éstos han preferido especular inventivamente. Crucial para entender lo que Artaud quería decir con su famosa expresión "cuerpo sin órganos", este poema está lejos de mostrarnos a un Artaud contestario, luchando contra la lógica utilitarista del capitalismo, buscando la "fuga" de la conciencia hacia la locura y el "devenir impersonal"; en fin: a un Artaud urbano y sesentista, como el que quisieron pintarnos Deleuze y Guatari. Mucho menos nos muestra una mediocre ética aristotélica de los vicios y del drogarse "prudente". Este es otro Artaud, el Artaud real, diferente del Artaud no sólo de Deleuze sino también de Foucault, y del de sus admiradores. Un Artaud telúrico, romántico, con voluntad de dominio y sed de crear, con una ética de inspiración y vida creativa; un Artaud en contra de la desintegración y mediocridad animal del hombre contemporáneo y occidental. Este es el Artaud que quería ser un árbol. 


El tiempo donde el hombre era un árbol


El tiempo donde el hombre era un árbol sin órganos ni función,
Pero de voluntad
Y árbol de voluntad que avanza
Volverá.
Ha sido y volverá.
Pues la gran mentira ha sido hacer del hombre un organismo
Ingestión, asimilación,
Incubación, excreción
Lo que existía creó todo un orden de funciones latentes
y que escapan
Al dominio de la voluntad
deliberadora
La voluntad que decide de sí a cada instante;
Pues era eso este árbol humano que avanza,
Una voluntad que decide de sí a cada instante,
Sin funciones ocultas, subyacentes, regidas por el inconsciente.
De lo que somos y de lo que queremos poco queda
ciertamente,

viernes, 26 de julio de 2013

Juan M. Dardón: Cuna (III)



El Peugeot 505 de Chávez brillaba como un zapato de cuero nuevo. Con una navaja el malevo cortó el precinto de Guarrechea, lo puso de frente y le ajustó un nuevo precinto más apretado para fenar la hemorragia. Del otro bolsillo exterior de su saco extrajo una bolsa plástica de supermercado y le envolvió las manos sangrantes.
- Si no me jodés hago que te vea un médico antes de llegar. No manchés el tapizado, ¿quedó claro?
Guarrechea lo miró torciendo un poco la cabeza de lado. El malevo se dio cuenta tarde:
- Me acabo de intentar matarme, mi hija está muerta en el comedor, me importa una mierda tu tapizado, retardado.
- Tenés razón. Intentá no manchar por favor.
Lo sentó en el asiento del acompañante, bajó la tapa de la guantera y le ordenó que metiera las manos ahí. El aire de la madrugada olía a ceniza de cardo y hueso. Eran Los días del Humo. Se estancó sobre la ciudad y el conurbano una humareda de diferentes consistencias, colores y pestes. Alguna región de la patria fue purificada por el fuego y la voluntad metafísica de los vientos cubrió Buenos Aires de malecones de hollín.
Don Julio Chávez se sentó al volante y encendió los faros antiniebla. Lo inquietó alguno de sus instintos y viró la cabeza a la izquierda: un hombre de sobretodo gris lo miraba y fumaba con pipa en la vereda de enfrente. Creyó reconocerlo, pero estaba a una distancia y bajo una luz en que sus rasgos eran vagos. Una voluta grande como un carruaje y el extraño desaparece ante los ojos del malevo. “Humo de mierda”.
El auto arrancó y siguió pensando con el rostro inmutable en quien los vigilaba. Los despabiló el llanto de Guarrechea, pero no se desvió del parabrisas, del humo latinoamericano que escondía motociclistas y semáforos.
- No entiendo qué carajo tenía que ver Cármen, na'nenita... no se puede...
- Para mí que alguien debe haber entendido que si estafabas con leche y comida podrida a los comedores infantiles muchos nenes y nenas como tu hija la iban a pasar muy mal, y bueno... cuando se enteró del fraude ese alguien te quiso hacer entender cómo eran las cosas - mientras más se alejaba del cuerpo frío de esa nena, más fuerte se sentía, menos afiebrado-. Vos la mataste, espero que lo entiendas, hombre.
Guarrechea se revolvió en el asiento y su custodio tuvo miedo de tener que matarlo.
- ¿Yo?, hijo de puta, ¿yo? - su sonrisa mostró una hilera de dientes parejos y amarillos como dados - ¿Yo le abrí la garganta en el vestuario del club? ¿Yo la dejé que se desangrara viva en la pileta? - ese hombre lloraba con todo lo que había en él vivo.
- Yo soy el secretario de Vonger, la orden por mí no pasó.
- Vonger es un sádico y vos sos su puta, su mulo. Te encargas de que el viejo tenga todo lo que quiere cuando se le ocurra. ¿Me lo vas  a negar? Sos un asesino.
- Mercenario, sicario, asesino... son palabras fuertes: me predisponen de mala manera. No éramos tan malos cuando estafaste los comedores, sino no lo hubieras hecho, Guarre.
- ¿Por qué no me dejás de romper las pelotas, Chávez? Acabás de tirotear a mi familia, sínico de mierda. Si sos un hijo de puta tené las bolas para venir de frente – Chávez esbozó una sonrisa horrible, lo miró con

Juan M. Dardón: Cuna (II)



La anciana con un andar de ciervo rengo se acercó al conjunto de sillas donde tres hombres meditaban. Uno de ellos se levantó para cederle el lugar. Ella lo reusó y le dijo con un tono suave:
            - El Cardenal mandó sus condolencias – los hombres levantaron la cabeza-. Su secretario, ese morocho de traje que acaba de entrar, se metió en el estudio de su hermano.
Los hombres sostuvieron un silencio.
           - Se los decía – y bajó el tono –, porque no creo que todos mis hijos sean... espero que Carmencita les diga qué hacer.


Guarrechea hizo un movimiento veloz hacia atrás con todo el cuerpo. El brazo derecho le colgaba junto al sillón. Estaba sentado tras un escritorio monumental de quebracho que parecía la obsesión de un ebanista: un gliptodonte rojo. Chávez no veía el arma desde donde se hallaba, aunque la presentía cargada, ansiosa. Guarrechea se embriagó con una botella de licor naranja que había sobre el escritorio junto a la lámpara. En la camisa, arremangada y fuera del cinto, se apreciaba un mancha deforma de alcohol. La iluminación caleidoscópica de la habitación presentaba los libros y las esculturas en estantes, un mueble con botellas y bar, y unos óleos campestres de tonos pastel, amarillos y dorados. Los ojos de Guarrechea se fijaron en el invasor, enfocaron y  unieron la cara con un nombre y un expediente
               - ¡Chávez! ¡La puta del Cardenal! ¿Qué mierda venís a buscar ahora?
            - Prefiero ser el perro del Cardenal – repuso el otro acercándose y tocando el respaldo del sillón vacío frente a Guarrechea –, no tengo nada que ver con esto. Te vengo a llevar. Vonger quiere verte. No me la hagás más difícil. Te lo pido de hombre a hombre.
              - Pero vos no sos un hombre, sos un sorete, un parásito que se come todo lo que Vonger se traga y le llega al culo ... le llega al culo quebrado ese que tiene.
Manoteó con la izquierda la botella de licor y le dió con el dorso a la lámpara  que cayó despedigando por el piso los cristales multicolores que componían el vitreaux de la pantalla.
El despacho estaba más blanco ahora. Una reproducción del David de Rafel estaba en una esquina: un muchacho, sonriente, desnudo, con las armas sueltas. Los ojos de Guarrechea eran de esa combinación polar de azul y rojo inyectado.
- No me importa quién carajo quiere verme – se pasó la mano izquierda sobre el pelo estirándolo hacia atrás. Los ojos no parecía sanos. Las respiración era confusa y miraba hacia todos los rincones con espanto.
- ¡Se llevaron a mi hija! ¡Le abrieron la garganta, mi vida, Carmencita! Todavía no iba a jardín. Me cagaste la vida, vos asesino hijo de puta, y el viejo trolo ese son dos hijos de puta. ¡Ojalá te maten a tu familia, sorete!
Levantó la mano con una Cold 45 y se la dirigió a la sien derecha. Lo hizo con una lentitud escandalosa. No fue ni siquiera un esfuerzo para el malevo desenfundar su Gloc con silenciador de la sovaquera y atravesar la mano y la cacha del arma y poner otra bala en la mano que Guarrechea apoyaba en el escritorio. Los gritos de dolor con que prorrumpió al irse al suelo aceleraron a los hombres de abajo, ya vapuleados.
Chávez rodeó el escritorio y sacó del bolsillo exterior de su saco un precinto grueso de plástico con el que le ajustó las muñecas en la espalda. Lo puso de pie y lo llevó hacia la puerta. Al abrir Guarrechea intentó liberarse de su custodio sacudiéndose como una mariposa a la vez que reclamó:
- Te podrías haber puesto un traje negro, infeliz, es un velatorio para venir de colorado.
Chávez le puso una palma sobre la oreja y le selló la cabeza con el marco de madera de la puerta:
- Es negro coágulo. Quedate quieto, no te quiero lastimar.
Desde lo alto de la escalera el barbijo colgando bajo el mentón hacía parecer al malevo con una temible garganta negra. Por las escaleras subían a los saltos tres hombres. Los tíos. El segundo traía una escopeta. La vieja aferrada al final de la balaustrada arengaba: “¡Que no se lo lleve! ¡Que no se lo lleve!”. Los hijos varones se le echaron encima con furor. Chávez arrojó la presa y dio un paso atrás, arriba. Desenfundó la Gloc y empuñó el Cold que llevaba en el cinturón (le había gustado el modelo). Con un arma en cada mano resolvió la situación. Se movió para quedar protegido tras el cuerpo del primero y evitar darle ángulo al segundo para dispararle. Luego balazo en la pierna y embestida para lanzar por la baranda al primero, disparando a la vez un tiro un hombro y otro en el biceps que sostenían la escopeta. El rifle cayó por los escalones. Su poseedor se hizo un capullo y el malevo se le fue encima al tercero que esgrimía una cuchilla en la diestra. Frenó la puñalada y le metió el caño hirviente del Cold en la boca arrancándole unos dientes y quemándole los labios y la lengua. El muchacho cubrió su cara con las manos y se acurrucó en los escalones.
Chávez regresó unos peldaños y sujetó nuevamente a Guarrechea. Lo bajó a las sacudidas. Mujeres, viejos, niños y obesos miraban agolpados en la entrada del comedor. El secuestrador pasó de largo sin mirarlos. No quería ver a la muertita.
La vieja les abrió las puertas que daban al atrio:
- ¡Lleveseló! No fue hombre para cuidar a mi nieta.
- Ponele un tiro a ella también , Chávez -rogó Guarrechea.
Caminaron los baldozones que marcaban una senda hasta el portón abierto. Chávez no hizo tiempo a subirse el barbijo.