Sobre el Hombre Topo

SOBRE EL HOMBRE TOPO:

Somos un grupo de producción literario e intelectual definido por su obsesión por la crítica cultural, la escritura, el cine, la filosofía y la traducción. Esperamos difundir ideas, textos, traducciones, fragmentos inteligentes de una luz no tan lejana.
Escriben en esta revista: Franco Bordino, Matías Rano, Gustavo Roumec, Tiépolo Fierro Leyton, Juan M. Dardón, Tomás Manuel Fábrega y Xabier Usabiaga.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Allen Ginsberg - Transcripción de música de órgano




La flor en el frasco de maní de vidrio anteriormente en la cocina se encorvó para hacerse un lugar en la luz,
la puerta del placard estaba abierta, porque la usé antes, ella permaneció amablemente abierta esperando a su dueño que soy yo.

Empecé a sentir mi miseria en el pállet sobre el piso, oyendo música, mi miseria, es por ella por lo que quiero cantar.
La habitación clausurada sobre mí, yo esperaba la presencia del Creador, miraba mis paredes y el cielo raso pintados de gris, ellos me contienen a mí y también contienen a la habitación
como el cielo contenía a mi jardín,
abrí la puerta
La parra trepaba por el poste de la casa, las hojas en la noche seguían donde el día las había dejado, las cabezas animales de las flores seguían hasta donde habían llegado a levantarse
para pensar al sol.

¿Puedo traer de nuevo las palabras? ¿El pensamiento de la transcripción nublará mi ojo mental abierto?

La bondadosa búsqueda de crecimiento, el deseo gracioso de existir de las flores, mi casi éxtasis al existir entre ellas
El privilegio de atestiguar mi existencia — vos también debés buscar el sol…

Mis libros apilados frente a mí para que yo los use
esperando en el sitio en que yo los había dejado, no han desaparecido, el tiempo me deja sus cualidades y remanentes para que los use — mis palabras apiladas, mis textos, mis manuscritos, mis amores.
Tuve un momento de claridad, vi el sentimiento en el corazón de las cosas y salí al jardín llorando.
 Vi las flores rojas en la luz de la noche, el sol se fue, todas ellas habían crecido, en un momento, y estaban paradas en el tiempo esperando al sol del día para que venga y les dé…
Flores que como en un sueño al atardecer yo regué religiosamente sin sospechar que las amaba.
Estoy tan solo en mi gloria — excepto ellas ahí afuera también — miré para arriba — aquellas flores rojas de los arbustos haciendo señas y mirando a través de la ventana, esperando en amor ciego, sus hojas también tienen esperanzas y están giradas hacia arriba con sus caras superiores en dirección al cielo para recibir — toda la creación abierta para recibir — la tierra plana misma.

La música desciende, como el tallo alto y torcido de la flor pesada, porque tiene que hacerlo, para seguir con vida, para continuar hasta la última gota de felicidad.
El mundo conoce el amor que está en su pecho así como en la flor, el mundo sufriente y solitario.
El Padre es misericordioso.

La toma de luz está precariamente sujetada al techo, después de que se construyó la casa, para recibir un enchufe que engancha perfectamente en ella y sirve ahora para mi fonógrafo…
La puerta del placard está abierta para mí, donde yo la dejé, desde que la dejé abierta, ha permanecido abierta con gracia para mí.
La cocina directamente no tiene puerta, el agujero allí me permitirá pasar en cuanto quiera entrar en la cocina.
Recuerdo la primera vez que me acosté, H. P. tomó mi virginidad con gracia, me senté en los muelles de Princetown, edad 23, alegre, elevado en la fe con el Padre, la puerta hacia el útero estaba abierta para admitirme si yo quería entrar.
Hay tomas de corriente sin usar por toda mi casa, por si alguna vez llegara a necesitarlas.
La ventana de la cocina está abierta, para dejar que entre el aire…
El teléfono —triste de contar— se sienta en el piso — no tengo dinero para conectarlo —

Quiero que la gente se incline al verme y diga: él está tocado por la poesía, él ha visto la presencia del Creador.
Y el Creador me dio un disparo de su presencia para gratificar mi deseo, y así no engañar mi anhelo por él.
  

(Berkeley 1955)


Traducción: Franco Bordino

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