Sobre el Hombre Topo

SOBRE EL HOMBRE TOPO:

Somos un grupo de producción literario e intelectual definido por su obsesión por la crítica cultural, la escritura, el cine, la filosofía y la traducción. Esperamos difundir ideas, textos, traducciones, fragmentos inteligentes de una luz no tan lejana.
Escriben en esta revista: Franco Bordino, Matías Rano, Gustavo Roumec, Tiépolo Fierro Leyton, Juan M. Dardón, Tomás Manuel Fábrega y Xabier Usabiaga.

jueves, 27 de diciembre de 2012

T. S. Eliot - Cuatro Cuartetos




SEGUNDO CUARTETO

East Coker

I

En mi principio está mi fin. En sucesión
Las casas se levantan y se caen, se derrumban, se amplían,
Son removidas o restauradas, destruidas; o en su lugar
Hay un terreno baldío, una fábrica, o una circunvalación.
La piedra vieja va hacia el edificio nuevo, la madera vieja va hacia el fuego actual,
Los fuegos hacia la ceniza y la ceniza hacia la tierra,
Que ya es carne, pelo, excremento,
Huesos del hombre y de la bestia, el tallo y la hoja del maíz.
Las casas viven y mueren: hay un tiempo de construcción
Hay un tiempo para vivir y procrear,
Hay un tiempo para que el viento rompa el panel de vidrio que está flojo
Y para sacudir la mampostería
Por donde trota el ratón,
Y para sacudir la cortina derruida entretejida con un mensaje silencioso,


En mi principio está mi fin. Ahora la luz cae
Por el descampado, dejando el camino profundo
Emparedado con ramas, oscuro en la tarde,
En aquel lugar te apoyás contra una orilla
Para dejar pasar a una camioneta,
Y el camino profundo insiste en su dirección
Hacia el pueblo, hipnotizado en el calor eléctrico.
En una neblina cálida la luz sofocante es absorbida,
No refractada, por una piedra gris.
Las dalias duermen en el silencio vacío.
Espera por la lechuza de la mañana.
 En este descampado
Si no te acercás mucho, si no te acercás demasiado,
A la medianoche, en verano, podés oír la música
De la flauta débil y del tambor chiquito
y verlos bailar alrededor de la fogata
La asociación del hombre y de la mujer
En danza, significando matrimonio—
Un sacramento digno y reconfortante.
Dos y dos, la conjunción necesaria,
Todos se toman los unos a los otros, del brazo o de la mano,
Significando con ello que hay concordia. Giran y giran alrededor del fuego
Saltan sobre las llamas, forman un círculo,
Sonríen o están serios, pero siempre rústicos,
Levantan los pies pesados usando zapatos vulgares,
Pies de tierra, pies de arena, los levantan en la alegría del campo
La alegría de aquellos que alimentan el maíz desde hace tiempo
Bajo la tierra. Y mantienen el tempo, mantienen el ritmo
En su danza como en su vivir en las estaciones vivientes
El tiempo de las estaciones y el tiempo de las constelaciones
El tiempo de la cosecha y el tiempo de ordeñar
El tiempo de la cópula entre el hombre y la mujer
Y también de las bestias. Los pies subiendo y cayendo.
Comer y beber. La muerte y el estiércol.

El amanecer se acerca, y otro día
Se prepara para el calor y para el silencio. En el mar el viento de la mañana
Se arruga y se desliza. Estoy acá
O allí, o en cualquier parte.
En mi principio.


II

¿Qué está haciendo el noviembre tardío
Con el alboroto de la primavera
Y con las criaturas del calor del verano,
Y con las campanillas de invierno[1] que se retuercen bajo los pies
Y con las malvas ambiciosas
Que del rojo pasan al gris y se tumban
Rosas tardías rellenas con nieve temprana?
Los truenos ruedan por las estrellas rodantes
Simulan carros triunfales
Desplegados en guerras consteladas
El escorpión se pelea con el sol
Hasta que el sol y la luna descienden
Los cometas lloran y las Leónidas vuelan[2]
Cazan a los cielos y a los aviones
Arremolinadas en un vórtice que arrastra
Al mundo a un fuego destructivo
Que arde antes del reino del hielo polar.

Esa era una manera de ponerlo —no muy satisfactoria:
Un estudio perifrástico con un estilo poético gastado,
Dejándolo a uno todavía con el forcejeo intolerable
Contra las palabras y los significados. La poesía no importa
No era lo que uno tenía en mente (para empezar de nuevo).
¿Cuál iba a ser el valor de la expectativa lejana
De la esperanza lejana de la calma, de la serenidad del otoño
Y de la sabiduría de la edad? ¿Nos habían engañado
O se habían engañado a sí mismos, los viejos de voces tranquilas,
Legándonos meramente una receta para el engaño?
La serenidad es sólo un embotamiento deliberado,
La sabiduría es sólo el conocimiento de algunos secretos muertos
Inútiles en la oscuridad dentro de la cual contemplan
O de la que apartan sus ojos. Hay, a nosotros nos parece,
Cuanto mucho, un valor limitado
En el conocimiento que se deriva de la experiencia.
El conocimiento impone un patrón y falsifica,
Porque el patrón es nuevo en cada momento
Y cada momento es una valoración nueva y sorpresiva
De todo lo que hemos sido. Sólo estamos desengañados con respecto a aquello,
Que engañándonos, ya no puede seguir haciéndonos daño.
En el medio, no sólo en el medio del camino
Sino por todo el camino, en un bosque oscuro, en el zarzal,
Sobre las orillas de un pantano, donde no es posible hacer pie con seguridad,
Y donde está la amenaza de los monstruos, luces fantásticas;
Allí, el riesgo de quedar encantado. No quiero oír
De la sabiduría de los hombres viejos, mejor oír de su locura,
De su miedo al miedo y al frenesí, de su miedo a la posesión,
A pertenecer a otro, o a otros, o a Dios.
La única sabiduría que podemos esperar alcanzar
Es la sabiduría de la humildad: la humildad no tiene fin.

Las casas se perdieron bajo el mar.

Los que bailaban se perdieron bajo la colina.


III

Oscuridad oscuridad oscuridad. Todos van hacia la oscuridad,
Los espacios interestelares vacantes. La vacancia hacia la vacancia,
Los capitanes, los ejecutivos de los bancos, los hombres de letras que son una eminencia,
Los generosos promotores del arte, los hombres de estado y los funcionarios,
Sirvientes que son civiles distinguidos, presidentes de muchos comités,
Señores industriales y contratistas insignificantes, todos van hacia la oscuridad.
Y son oscuros el Sol y la Luna, y el Almanaque de Gotha[3]
Y la gaceta de la bolsa y la guía de directivos,
Y es frío el sentido y se ha perdido el motivo de la acción.
Y todos nosotros vamos con ellos, al funeral silencioso,
Al funeral de nadie, porque no hay nadie a quien enterrar.
Le dije a mi alma, estate quieta, y dejá simplemente que la oscuridad te cubra,
Será la oscuridad de Dios. Como en un teatro,
Las luces están apagadas, porque van a cambiar la escenografía
Con un tronido hueco de bastidores, con un movimiento de tinieblas sobre tiniebla,
Y nosotros sabemos que las colinas y los árboles, y el panorama distante
Y la fachada imponentemente soberbia, están siendo enrollados y sacados afuera—
O como cuando un tren subterráneo, en el túnel, se detiene demasiado entre las estaciones  
Y la conversación surge y, lentamente, decae en el silencio
Y vos ves detrás de cada cara al vacío mental que se ahonda
Dejando sólo el terror creciente de no tener nada en qué pensar;
Como cuando bajo éter, la mente es conciente pero conciente de nada—
Le dije a mi alma, estate quieta, y esperá sin esperanzas,
Porque la esperanza sería la esperanza de la cosa equivocada, esperá sin amor
Porque el amor sería el amor de lo equivocado. Todavía hay fe
Pero la fe, el amor, la esperanza, están todos juntos en la espera.
Esperá sin pensamientos, porque vos no estás listo para pensar:
Entonces, la oscuridad será la luz, y la quietud será la danza.
El susurro de los arroyos que corren, el relámpago de invierno,
El tomillo y la fresa salvajes que no son vistos por nadie,
La risa en el jardín, el éxtasis hecho eco
Que no se pierde, pero requiere, y apunta, hacia la agonía
De la muerte y el nacimiento.
Me decís que estoy repitiendo
Algo que ya dije antes. Lo volveré a decir.
¿Lo volveré a decir? Para llegar ahí,
Para llegar adonde vos estás, para salir de donde no estás
Tenés que ir por un camino en el que no hay éxtasis.
Para llegar a lo que no sabés
Tenés que ir por un camino que es el camino de la ignorancia.
Para  poseer lo que no posees
Tenés que ir por el camino de la desposesión.
Para llegar a lo que no sos
Tenés que ir a través del camino en el que no estás.
Y lo que no sabés es la única cosa que sabés
Y lo que ya te pertenece es la única cosa que no te pertenece
Y donde estás es donde no estás.


IV

El cirujano herido maneja el acero
Que interroga a la parte destemplada;
Bajo las manos sangrantes sentimos
La compasión cortante del arte del que nos sana
Resolviendo el enigma de la carta de fiebre.

Nuestra única salud es nuestra enfermedad
Si obedecemos a la enfermera agonizante
Cuyo cuidado constante no es complacernos
Sino recordarnos nuestra maldición, que es la de Adán,
Y que, para reestablecernos, nuestra enfermedad debe empeorar y crecer.

La tierra entera es nuestro hospital
Financiado por el millonario arruinado,
Donde, si nos va bien, moriremos
Por el absoluto cuidado paternal
Que no nos abandonará, sino que nos prevendrá en todas partes.

El frío sube desde los pies hasta las rodillas,
La fiebre canta en alambres mentales.
Para calentarme debo enfriarme
Y temblar, en fuegos frígidos de purgatorio
Cuya llama es rosas, y el humo es escaramujos.   

La sangre grasienta es nuestra única bebida,
La carne sangrienta es nuestro único alimento
A pesar de lo cual nos gusta creer
Que somos sanos, que somos carne y sangre sustancial—
Una vez más, a pesar de ello, llamaremos a este viernes viernes santo.


V

Así que acá estoy, en el camino de en medio, habiendo pasado veinte años—
Veinte años en su mayoría desperdiciados, los años de entreguerras[4]
Intentando aprender a usar las palabras. Cada intento
Es un comienzo completamente nuevo y un tipo diferente de fracaso
Porque uno aprende a obtener lo mejor de las palabras solamente
Para la cosa que uno ya no tiene que decir, o para la manera en que uno
Ya no está dispuesto a hacerlo. Y así cada empresa
Es un comienzo nuevo, una incursión en lo inarticulado
Con equipamiento gastado y siempre deteriorado
En la confusión general de la imprecisión de los sentimientos,
Escuadrones indisciplinados de emoción. Y lo que hay para conquistar  
Por fortaleza y sumisión, apenas fue descubierto
Una, dos, o varias veces, por hombres a los que no podemos pretender imitar
—Pero no hay competencia—
Sólo hay la lucha por recuperar lo que se extravió
Y se encontró y se perdió otra vez y se volvió a extraviar: ahora, bajo condiciones
Que no parecen ser las propicias. Pero talvez no hay ni ganancia ni pérdida.
Para nosotros, sólo hay el intentar. El resto no debe preocuparnos.

El hogar está en donde uno comienza. A medida que nos volvemos viejos
El mundo se vuelve más extraño y el patrón más complicado
De muerte y vida. No el momento intenso,
Aislado, el momento sin antes ni después
Sino el tiempo de una vida entera ardiendo en cada momento
Y no sólo el tiempo de vida de un solo hombre
Sino también el de viejas piedras, que no pueden ser descifradas.
Hay un tiempo para la noche bajo la luz de las estrellas,
Hay un tiempo para la noche bajo la luz de la lámpara
(La noche con el álbum de fotos)
El amor está más cerca de sí mismo
Cuando aquí y ahora nos dejan de importar.
Los hombres viejos deberían ser exploradores
Aquí o allá, eso no importa
Debemos estar quietos y permanecer en movimiento
Dentro de otra intensidad
Para una unión más cercana, una comunión más profunda
Por el frío oscuro y la desolación vacía,
La ola llora, el viento llora, las aguas son bastas,
Del petrel[5] y la marsopa[6]. En mi fin está mi principio.


Traducción: Franco Bordino



[1] “Campanillas de invierno”: variedad de flor que crece en Europa.
[2] Las Leonidas son una lluvia de meteoros que se producen en el cuadrante de la constelación de Leo, de la cual reciben su nombre.
[3] Boletín de publicación anual que desde mediados del siglo XVIII hasta 1945, fecha de la interrupción de su publicación, se ocupó de recopilar datos de las casas reales, alta nobleza y aristocracia europeas.
[4] En francés en el original: “l’entre deux guerres”.
[5] Ave marítima.
[6] Cetáceo parecido al delfín.

No hay comentarios:

Publicar un comentario